«Uno de cada tres pacientes con diabetes desarrollará heridas en los pies a lo largo de su vida»

Clínica Zuatzu recuerda, en el Día Mundial de la Diabetes, la importancia de un abordaje integral con seguimiento nutricional y cuidado especializado del pie diabético para prevenir complicaciones graves.

La diabetes es una enfermedad crónica que afecta a más de 580 millones de personas en el mundo, y sus consecuencias pueden ir más allá del control de la glucosa en sangre. En el marco del Día Mundial de la Diabetes, que se celebra este viernes 14 de noviembre, los profesionales sanitarios subrayan la necesidad de una atención integral, que incluya tanto el seguimiento nutricional como el cuidado específico del pie diabético.

Se estima que hasta uno de cada tres pacientes con diabetes desarrollará alguna herida en los pies a lo largo de su vida. “El problema es que muchas de estas lesiones no generan dolor, ya que la diabetes puede afectar a los nervios y eliminar la sensibilidad. Esto impide detectar a tiempo infecciones o heridas que, si no se tratan adecuadamente, pueden derivar en complicaciones graves”, explica el Dr. Gabriel Rivera San Martín, especialista de la Unidad de Pie Diabético.

Además de la pérdida de sensibilidad, la circulación también puede estar comprometida por el deterioro de las arterias. “La falta de riego sanguíneo dificulta la cicatrización y aumenta el riesgo de gangrena o amputaciones”, añade el Dr. Víctor Rodríguez Sáenz de Buruaga. Por eso, detectar y tratar precozmente estas lesiones resulta esencial.

La Unidad de Pie Diabético de Clínica Zuatzu combina la experiencia de profesionales de la cirugía vascular y la podología, y aplica un enfoque multidisciplinar para atender este tipo de complicaciones. El objetivo principal es evitar que las heridas progresen, utilizando terapias médicas y quirúrgicas avanzadas adaptadas a cada caso.

La prevención, sin embargo, comienza mucho antes. Gabriela Retana, nutricionista experta en salud hormonal, trabaja con los pacientes desde una perspectiva de educación alimentaria. “Más que prohibir alimentos, se trata de promover un estilo de vida sostenible que ayude a mejorar la sensibilidad a la insulina y mantener niveles estables de glucosa”, señala.

Su enfoque incluye patrones alimentarios antiinflamatorios, con hidratos de carbono de bajo índice glucémico, grasas saludables y proteínas de calidad. Además, enseña herramientas prácticas como combinar correctamente los alimentos en cada comida, priorizar los vegetales, o aplicar sencillos hábitos que modulan la respuesta glucémica.

“La educación nutricional empodera al paciente para que tome decisiones más conscientes sobre su alimentación y evite que la enfermedad avance”, añade.

En una enfermedad tan extendida y silenciosa como la diabetes, la información, la detección precoz y el acompañamiento profesional marcan la diferencia entre una vida condicionada por las complicaciones y una vida con mayor autonomía y calidad.