Zuatzu Magazine

¿Pagan más las mujeres que los hombres por el mismo producto?

Infórmate sin compromiso

He leído y acepto el aviso legal.

El ‘impuesto rosa’ es el sobrecoste que mujeres de todas las edades pagan al comprar productos supuestamente concebidos para ellas, que únicamente difieren de su versión masculina en el color. Cuchillas de afeitar, colonias, cremas, juguetes, peluquería… Casi todo es más caro si el envoltorio y el mensaje son de color rosa. 

Las  chicas de rosa y los chicos de azul. Hoy en día este mensaje parece anacrónico a la hora de vestir a un bebé o, cuando menos, políticamente incorrecto; pero lo cierto es que a muchas marcas aún les funciona esta segmentación cromática que aprovechan para subir los precios de los productos concebidos para ellas, sabiendo que en el 80% de los hogares la mujer es la que decide qué comprar.

La revista americana Forbes encendió la mecha de esta polémica hace veinte años, con la publicación de un estudio de la Universidad de California que concluía que las estadounidenses pagan 1.300 dólares más al año que los hombres por productos similares pero dirigidos expresamente a ellas. A raíz de esta publicación, el colectivo francés Georgette Sand comenzó a tirar de la manta y ha abierto en internet una página web, www.womantax.tumblr.com, donde publica fotografías enviadas por internautas que denuncian la existencia de este impuesto rosa.

¿Qué ocurre en Gipuzkoa? No es fácil detectar a simple vista esta brecha de precios porque los productos dirigidos a hombres y a mujeres están dispuestos en estantes diferentes. Pero si aguzamos la mirada, comprobamos que una bolsa de 10 cuchillas desechables de color rosa cuesta 1,85 euros mientras que su homóloga -misma marca blanca, mismo diseño, mismas unidades- pero distinto color (azul) cuesta 0,85€ ; asimismo, el mismo neceser infantil de regalo que incluye colonia más gel cuesta 12,99€ el de las niñas (rosa y con motivo de princesas) y 11,99€ el de los niños (azul y con la Patrulla Canina como temática). “En la mayoría de los supermercados los productos para hombres y mujeres están en distintas estanterías para que no podamos darnos cuenta de la diferencia de precio. Creo que es un comportamiento deshonesto, está en la mano del distribuidor poner el precio que considere oportuno y colocarlos en el sitio que quiera, pero el consumidor tiene derecho a saber qué está pasando”, advierte Susana Pérez Bermejo, directora creativa ejecutiva de la agencia Proximity Madrid.

Esta diferencia de precios, ¿está justificada por la ley de la oferta y la demanda o estamos ante un ejemplo de discriminación de género? “Es claramente una discriminación de género porque hay una diferencia real y tangible en los productos y servicios en los que se aplica. Las grandes marcas derivan la responsabilidad del precio hacia el distribuidor porque les resulta imposible justificar que hay componentes sustancialmente distintos en productos femeninos o masculinos como champús, cuchillas de afeitar o desodorantes”, defiende Pérez Bermejo.

A falta de un estudio comparativo de precios en el mercado por parte de organizaciones de consumidores como Facua, que de momento no ha registrado denuncias de consumidores en relación a la tasa rosa “pero sí quejas” puntualiza su portavoz, Rubén Sanchez, las opiniones respecto a esta discriminación varían en función de la fuente consultada. Por un lado, las empresas y fabricantes fijan precios distintos amparándose en un análisis del perfil de los consumidores, ya que “el coste de producción y la inversión publicitaria puede ser el mismo, pero el hecho de que ellas compren más ya justifica el encarecimiento. Lo mismo pasa con muchos hombres homosexuales, que consumen más productos de cosmética; esto lo saben los fabricantes y se aprovechan para subir los precios. Por eso -añade Sánchez- la tasa rosa, más que una discriminación por sexo, es una estrategia de marketing que permite a los fabricantes vender más caro o más barato, en función del estudio de mercado que haya realizado previamente”.

¿Cómo evitar este impuesto rosa? Según Pérez Bermejo, “no creo que los fabricantes ni los mercados tengan voluntad de prescindir de una actividad que les resulta tan lucrativa. Por eso el primer paso es generar una conciencia en las consumidoras para que hagan caso omiso de esos productos creados específicamente para ellas; recordemos el famoso caso del boli bic rosa. Tampoco podemos cargar nosotras con toda la responsabilidad, debería haber medidas gubernamentales que generen una ley de equidad de género en precios de productos y servicios similares”. El portavoz de Facua, por su parte, cree que luchar contra ello es “ir contra el capitalismo. Y como no hay forma de evitar esta libertad de precios, y siempre y cuando la publicidad no sea fraudulenta, la clave es que el consumidor sea crítico y consciente de que le pueden tomar el pelo”.

¿Está naciendo una tasa azul?

Muchos hombres se harán esta pregunta si van a comprar un tinte para el cabello. Si bien es cierto que en muchos productos existe un sobrecoste únicamente por ir dirigido a mujeres, no es menos cierto que muchos de los nuevos productos diferenciados por género que salen al mercado son para hombres y los fabricantes aprovechan este boom de consumo del sector masculino para hinchar los precios. Para muestra un botón: el mismo tinte, de la misma marca, cuesta 5,55€ para mujeres y 10€ para los hombres en un supermercado del centro de Donostia. ¿Por qué? Según los expertos, “en los últimos años está aumentando el consumo de productos de cuidado masculino y las marcas de cosmética lo están empezando a aprovechar; puede que dentro de diez años, este sector acabe igualando al femenino”.